¿Por qué tenemos que morir el día menos esperado?

 

Captura de pantalla 2015-10-28 a las 20.01.45Morir el día menos esperado, es algo que cualquier ser humano no logra entender, por lo tanto, evita. Es más, nos imaginamos a nosotros mismos ya con una gran edad y pensamos que moriremos dentro de mucho, cuando seamos unos abuelos. Estas son nuestras inocentes e inconscientes expectativas. Y sí, son sanas, y es normal pensar que todo va a salir perfecto. Que naces, que vives un largo tiempo, y bueno, que mueres, pero antes vives.

A la vez, el ser humano también es consciente, de que sí, evidentemente, sí que nos podemos morir, cualquier día y de cualquier manera. Hay miles maneras de morirse antes de llegar a una gran edad. Así pues, es cierto que el ser humano tiene tanto miedo a morirse antes de su plan establecido, que se evade con esa imagen suya de anciano que le toca morirse. Por eso es tan inesperada la muerte, porque rompe con el plan establecido.

Muchos seres humanos mueren de repente. Por ejemplo, esos niños que recitaban a sus mamás lo que querían ser de mayor, cuantos hijos iban a tener, dónde iban a vivir, sueños que se harían realidad! Y resulta que el día menos esperado, cualquier ser humano, de cualquier edad, muere. Muere y deja una gran tristeza, una tristeza irreparable.

Inesperado.“ Que ocurre sin haberlo esperado o previsto.” dice el diccionario.

En esta fotografía apagada, se puede ver perfectamente una hoja. La hoja es lo que más destaca de la foto. Lo demás está borroso, porque la hoja ha caído. La hoja ha muerto. ¿Y cómo ha muerto? Pues inesperadamente. Una ráfaga de viento al azar la ha envestido, y ésta, se ha caído. Una hoja que ha dejado una esencia. Nació, brilló, creó su identidad, aprendió a sonreír, a llorar, a convivir con las demás hojas… y muchas cosas más. Ahora esta hoja está seca, tiesa y apagada. Igual que cuando un humano muere. La hoja ha sido incapaz de controlar su destino. Los humanos somos incapaces de controlar nuestro destino. Si acaso, nos lo imaginamos y creamos un plan de futuro. Esta fotografía resalta que una vida, una vida con un plan establecido, se ha caído y no responde. Y es más, impresiona verla caer. Impacta en el momento en el que se cae, la miras, y minutos después, equivalente a siglos después, esa hoja es insignificante. Giras la mirada y prosigue lo que tenga que seguir.

Finalmente, después de haber analizado esta fotografía, me he dado cuenta de que yo, me sigo imaginando a mi misma de mayor y con una gran edad. Pero por un momento dejo de evadirme y pienso desde mi sinceridad más pura: -¿Quién sabe que me pasará? Puede que muera en un mes, una semana, un día, una hora, o incluso en segundos… y puede que me caiga del árbol al igual que muchas hojas caen cada día. Que se secan, se ponen tiesas y se apagan. Que mueren.

“La muerte de una vida es tan inesperada como el viento que arrasa una hoja que existía.”
“Los bichos que matamos, también mueren inesperadamente. Unos seres extraños y grandes les matan de un manotazo imprevisto.”

Hecho por Alejandra Conill

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